El enfoque interpretativo-simbólico

 

El enfoque interpretativo considera la realidad como un conjunto de significados construidos y compartidos por las personas. Más que de una realidad, podemos hablar de tantas realidades como personas consideramos, cada una con sus actitudes, percepciones y expectativas.

 

Según Morgan: "Las organizaciones son esencialmente estructuras de realidades sociales que descansan en las mentes de los miembros que las concretan en series de reglas y relaciones".

En consecuencia, este enfoque considera las organizaciones como una creación social producto de la interacción de personas que se movilizan de acuerdo con sus concepciones y supuestos personales. Se interesa por el significado de las acciones sociales, al considerar que la realidad está constituida por imágenes que la mente de las personas crea y a las que concede autoridad.

Bibliografía

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Según Bolman y Deal, los supuestos en los que se basa este enfoque son los siguientes:

 

1) Lo más importante no es lo que pasa, sino el significado de lo que ha pasado.

 

2) El significado de un acontecimiento queda determinado por lo que pasa y por las interpretaciones que las personas realizan de lo que ha pasado.

 

3) Los acontecimientos y procesos más significativos en la organización son generalmente ambiguos e inciertos: con frecuencia es difícil saber qué pasa, por qué pasa y qué pasará.

 

4) La ambigüedad y la incertidumbre restan valor a los procesos racionales para el análisis, la resolución de problemas y la toma de decisiones.

 

5) Ante la incertidumbre y la ambigüedad, las personas crean símbolos con la finalidad de reducirla, resolver la confusión y aumentar la predictibilidad. Los acontecimientos considerados en sí mismos pueden seguir siendo ilógicos, azarosos, fluidos o con poco significado, pero los símbolos humanos nos permiten verlos de otra manera.

Como implicación organizativa, se revaloriza la utilización de ritos y ceremonias, como las tomas de posesión, los despidos, las celebraciones, los homenajes, las fiestas, el reparto de diplomas, etc. y también el uso de imágenes que hablan de un funcionamiento similar al modelo de cubo de basura (garbage can model) o de una escuela como anarquía organizada o de un sistema débilmente articulado.

En conjunto, este enfoque representa la concepción de la vida organizativa como una realidad significada, interpretada y vivida con una cierta ambigüedad por las personas que la integran. Se reconoce, así, la existencia de una cultura que es conformadora y que queda conformada por la realidad organizativa: es la cultura escolar de la que hablan autores como, por ejemplo, Saranson, Berg y Wallin o Saphier y King.

La tradición interpretativo-simbólica también ha analizado procesos y dinámicas organizativas, como el liderazgo, la planificación, la toma de decisiones o la evaluación, que considera como ámbitos a través de los cuales se mantiene la legitimidad y la estabilidad de la organización.

A pesar de algunas críticas y limitaciones, la perspectiva simbólica resulta fructífera y por ella se puede identificar el desarrollo de experiencias como el trabajo cooperativo, el desarrollo de la imagen corporativa, los círculos de calidad, algunas estrategias para el desarrollo de proyectos del centro, etc.

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