La estructura grupal

Podemos definir la estructura grupal como el resultado de aquello que surge una vez que la evidencia del concepto de grupo ha quedado clara, esto es, una vez que hemos asumido que, efectivamente, existen los grupos, que pertenecemos a algunos de ellos y que nos acompañarán por mucho tiempo en nuestra vida. En este sentido, la estructura de grupo da fe de la existencia del mismo y viceversa: éste tiene sentido cuando hay una estructura que lo sostiene.

 

Podríamos diferenciar los procesos estructurales de grupo en dos dimensiones o categorías (Cartwright y Zander, 1971; Blanco y Fernández-Ríos, 1985; Marín y Garrido, 2003). La primera de ellas se refiere a esos procesos más bien estáticos, que si bien es cierto surgen una vez que el grupo se ha conformado y le dan vida, también es verdad que se orientan en una dirección que explica al grupo de una forma simple; en otras palabras: son procesos elementales, básicos y que otorgan cierta estabilidad al grupo. En este sentido, son aquellos elementos que, en palabras de Jiménez Burillo (1981), definen el conjunto de regularidades pautadas en un grupo y que se mantienen sin muchos cambios por un determinado tiempo. La estructura física o algunas características de las personas que forman un grupo podrían ilustrar esta dimensión.

Bibliografía

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En cambio, la otra dimensión a la que haremos referencia considera un paso más en el proceso grupal, ya que define un tono más dinámico en el grupo. En esta segunda dimensión puede observarse cómo el concepto de grupo puede llegar a ser determinante en las vidas de las personas, incluso tan determinantes que la verdadera dimensión e importancia de lo que significan los grupos quedan claramente establecidas. De ahí su relevancia.

 

Dichos procesos son los que se orientan, entre otras cosas, al rendimiento del grupo, al proceso que sigue un grupo cuando toma una decisión o el modo en que un grupo puede gestionar un conflicto, etc.

 
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