Los grupos terapéuticos

Las primeras aplicaciones de la dinámica de grupos con finalidades terapéuticas datan de la primera mitad del siglo XIX. Sin embargo, no es hasta 1970 cuando la práctica de la dinámica de grupos en la psicología de la salud emergió como una herramienta potente.

Estos primeros usos del grupo como herramienta terapéutica estaban cargados ideológicamente. En general, podemos decir que los primeros grupos terapéuticos basaban su eficacia en los elementos gregarios, en el sentimiento de pertenencia al grupo y en el aprendizaje de mensajes concretos y genéricos en relación con la disfunción o trastorno a tratar. Por lo tanto, la identificación con el grupo emergió, ya al inicio de la psicología, como un elemento potente del cual se podía hacer uso con finalidades curativas. Esta primera identificación con los grupos a menudo suponía una fuerte adhesión y la imposibilidad de expresar opiniones discordantes. El grupo era entendido como una entidad que vehiculaba un tratamiento indispensable, casi mágico, con un cierto componente de excesiva autoridad, de manera que la identificación con el grupo tenía que ser incondicional y de por vida. De hecho, en estas primeras prácticas de grupos terapéuticos, los conductores no disponían de muchos modelos teóricos y técnicas donde fundamentar su práctica. Las tres fuentes más habituales eran las orientaciones psicoanalíticas, la escuela dinamicista de Kurt Lewin y las primeras aportaciones desde la psicología social. Raramente el conductor del grupo se fijaba objetivos, sino que confiaba en el poder de la interacción como herramienta curativa.

Bibliografía

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Actualmente, aunque la identidad continúa siendo un proceso fundamental en la práctica de los grupos de terapia, este modelo de grupo con adhesión incondicional ha cambiado mucho. El conductor de un grupo terapéutico no ha de ser sólo un facilitador del grupo con amplia experiencia, sino que también ha de ser un amplio conocedor del trastorno o enfermedad y de las personas que lo sufren. Por lo tanto, de entre las prácticas de dinámica de grupos que revisaremos en este módulo los grupos terapéuticos son los que requieren conductores más experimentados y con una formación más específica.

 

Para ilustrar la actualidad de la práctica de los grupos de terapia, tenemos numerosas y variadas experiencias tanto en el ámbito público como privado de la salud. Los grupos de terapia son muy utilizados en el tratamiento de las enfermedades mentales como complemento de la terapia individual. Actualmente, la modalidad más habitual de grupo terapéutico son los llamados grupos de discusión. Por ejemplo, en el tratamiento del alcoholismo suponen un 79% del total, seguidos de los grupos educacionales, que suponen un 30% del total. Estos grupos de discusión se fundamentan en:

 

a) La identificación de la persona con el grupo. Al inicio de la experiencia grupal el proceso de identificación del nuevo miembro con el grupo resulta fundamental. El nuevo miembro llega a sentirse igual al resto de los participantes del grupo. En las últimas fases del tratamiento, la identificación muy acentuada con el grupo puede llevar a una dependencia demasiado marcada que hay que atender. En todo caso, la identificación resulta fundamental porque provee de un sentimiento de protección del grupo. La identificación puede producirse por medio de distintos mecanismos. Sin voluntad de ser exhaustivos citamos algunos:

 
  • Una identificación de tipo fraternal, más próxima a la práctica de la dinámica de los grupos terapéuticos en sus inicios. Esta identificación se estructura en torno a un sentimiento de compañerismo, comprensión y colaboración con el resto de los miembros del grupo, especialmente ante tensiones que son comunes al resto de los enfermos.

  • Una identificación con los pacientes que se encuentran en fases avanzadas de rehabilitación. La figura del paciente rehabilitado, por ejemplo el drogodependiente que mantiene la abstinencia durante años o el maltratador que ha normalizado sus relaciones desde hace años, actualmente no se considera tan imprescindible en los grupos de tratamiento, pero sí que aporta un valor testimonial muy importante especialmente en las fases iniciales del resto de los participantes. Por ejemplo, el hecho de que un nuevo miembro pueda conocer a una persona que lleve años de abstinencia contribuye a liberarlo de los temores y la incredulidad del tratamiento.

  • Una identificación con el terapeuta. Los pacientes pueden tomar una posición ambigua en el grupo; pueden verbalizar un discurso de enfermos expresando sentimientos de riesgo de recaída, por ejemplo volver a comer compulsivamente en los trastornos alimentarios y, al mismo tiempo, verbalizar un discurso como terapeutas enfatizando el hecho de que no se pueden permitir una recaída.

 

b) Paralelamente a la identificación se da un proceso de individualización: el participante en el grupo se siente diferente al resto del grupo. La individualización modula la identificación. Esta individualización facilita un intercambio personal con los otros; por ejemplo permite compartir concepciones en torno a la vinculación patológica con el alcohol, en el tratamiento del alcoholismo o compartir recursos personales para hacer frente a las tentaciones de ejercer conductas depurativas, en el tratamiento de los trastornos alimentarios. El proceso de identificación y el proceso de individualización analizados en conjunto llevan a los miembros del grupo a tener una mayor tolerancia con la desviación de las normas que si sólo se produjera la identificación, por ejemplo, de tipo fraternal. Por lo tanto, cuando un miembro del grupo se identifica con el grupo pero también se individualiza, está contribuyendo a que el grupo se desarrolle en un clima más acogedor en comparación con un miembro del grupo que sólo se identifica con el grupo. La cohesión del grupo con finalidades terapéuticas es, pues, un balance entre el sentimiento de pertenencia al grupo y la progresiva interiorización de la situación personal.

 

El/la terapeuta se puede valer igual de un gran número de actividades con el fin de favorecer la emergencia de elementos de identidad en el grupo.

La siguiente actividad es muy habitual en grupos terapéuticos porque permite verbalizar aspectos no aceptados de la propia identidad.

 Actividad de dinámica de grupos núm. 3

Nombre de la práctica: La Tienda Mágica.

Principal proceso implicado: Identidad en los grupos.

Contexto de aplicación: Terapéutico, educativo.

Objetivo de la actividad: Hacer emerger elementos de identidad personal y expectativas.

Instrucciones: Sentados en un círculo, el conductor del grupo dice: "Imaginad que sois los propietarios de una tienda mágica, un lugar donde podéis cambiar una característica personal que tenéis y no os gusta por otra que queráis tener". Cada participante tiene la oportunidad de cambiar la característica personal. No es imprescindible que todos los miembros cambien una característica personal. Una vez que todos han tenido la oportunidad de cambiar la característica, se inicia la discusión en grupo.

Sugerencia al conductor del grupo: Potenciar que los participantes profundicen en la explicación de las características y las razones del cambio.

Bibliografía

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